11 Feb

Las bodas

No hay comentarios Magazine Cuba Número 3, Sociedad

Por Rodolfo Romero Reyes

Una amiga mía se casó recientemente. El afortunado fue otro amigo mío. Ese día los vi alegres, felices, enamorados… incluso, como dijera mi amiga Yanet: «lo dieron todo» en la pista de baile. Allí estábamos familiares, amigos, el piquete multidisciplinar más volao que hay sobre esta tierra y los representantes del barrio más distinguido que hay en esta capital, después del Mambí en Guanabacoa: Alturas de la Lisa.

Comimos, bebimos pero para nada sufrimos. ¿Y por qué habría que sufrir?, se preguntarán algunos. Porque las bodas, por si no lo sabían, llevan una alta dosis de sufrimiento que pasa desapercibida para la mayoría, pero nunca para los novios. ¿Recuerdan, la frase: ¡¡¡TINTA!!!, y salía de pronto Eutelia: «Aquí, aquí hay tinta»; para segundos después desparramarla por el suelo? Pues bien, aquí pasa algo parecido.

Igual que en aquella boda legendaria, siguen habiendo obstáculos en las bodas de hoy. Son, si hacemos un símil con los videojuegos –mis amigos más cercanos sabrán por qué–, como niveles que debes superar para evadir el GAME OVER, que te llevará a ser soltero por todo la vida. Numeraré a continuación los más comunes de estos retos.

Buscar notario/a: Según mi amigo Tato, son solo 25 CUP o 50 si deseas que la ceremonia transcurra fuera del Palacio. Primero debes encontrar al desocupado/a y después aguantar que en tu cara, después de decirle gracias, te digan la inteligente frase: «Las gracias van por ustedes»; haciendo clara alusión a los 10 CUC que cuesta este servicio, por fuera, obviamente.

Alquiler de trajes: deben combinar entre sí, ser modernos y nunca de mal gusto. Ojo, hay que cuidarlos bien porque hay que devolverlos sin un rasguño.

Compra de anillos: Ojalá sean novios de los que prefieren la plata, de lo contrario, el precio estará por los cielos. ¡Ah!, y nada de sorpresas, hay que probárselos primero, no vaya a ser que luego queden grandes y se pierdan en algún lavabo.

Alquiler del salón: buscas y buscas pero no encuentras el adecuado. Todos son caros. Quizás aparezca alguno barato pero en el que te obligan a utilizar su buffet, con lo cual el precio sube como la espuma. Para que tengan una idea: casarse en el 1830 (restaurante de la capital) cuesta aproximadamente 1830 (CUC).

Fotos o videos: tortura similar a las fotos y videos de las fiestas de 15 las muchachas, por tanto, no necesita mayor explicación.

Buffet: Traten de resolverlo con algún servicio estatal o de lo contrario… probablemente quien paga sufra ese día de una severa indigestión. Otra cosa, los novios deben encomendar su distribución a alguien de la familia, sino será desfalcado por los gastronómicos del lugar.

Pacotilla complementaria: lacitos, bombones para las mesas, invitaciones a color, etc. etc. etc. Pobres los que piensen que se trata solo de un menudito.

Organización de las mesas: este es el verdadero dolor de cabeza. Hay que completar las mesas y el orden es por prioridad familiar. Los solteros o solteras, todos en la misma para que se conozcan y se empaten. Si hay antiguas parejas entre los invitados, bien lejos, para evitar disgustos y así… son miles las posibles situaciones.

Claro, que ahora existen cuentapropistas que te organizan el paso por cada uno de estos retos u obstáculos por el módico precio de mil y pico de CUC. Ellos lo que desean es que triunfe el amor y por eso se anuncian en las notarías e incluso, por conseguir y resolverte cosas, pueden hasta buscarte pareja en caso de que aún no la tengas y decidas casarte.

Mi consejo es bien sabio y sencillo, y con él concluyo mi comentario. Como dijera Itsván, aquel inolvidable personaje que nadie olvida del muñequito de Elpidio Valdés: «No se case, compay; no se case».

(Tomado de Letra Joven)