31 Jul

Posiciones genéricas

1 comentario Magazine Cuba Número 1, Sociedad

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Como el sexo sin saliva, sin sudor, como el sexo que nunca provoca una lágrima. Como la coka cola dietética. Como el cigarro electrónico. Como la mirada que no se cuela por ninguna parte. Como la lengua que nunca ha redondeado otra lengua, otros extremos de desnudez, de humedades. Así, de insípida, es la crítica genérica. Se critican los supuestos, los vividos, como a kilómetros de distancia.

Es un mal de fondo, porque bien se sabe que no hay látigo sin sangre, sin rajaduras en la piel, sin quejido. Es el mal de no molestar, de no importunar. Y después hasta es posible que el escribiente se sienta un poseso de la genialidad, de la valentía, porque dijo algo, así fuera por arriba, como un sayo que se tira al aire, pero que bien pudiera quedarse en los cables del tendido eléctrico, porque al final no importa.

Es como el que habla de la corrupción, por ejemplo, o del oportunismo, y no es capaz de aterrizarlo a la tierra de los mortales. Supongamos, es posible que diga para empezar una idea, o diga por ejemplo, o figúrese como si quienes son corruptos u oportunistas no compartieron el mismo espacio-tiempo que quien escribe.

O de la ineficiencia, el irrespeto al orden, la indefensión ante algunos personajes, esos tópicos que vemos y sufrimos, pero que preferimos tratar con pinzas quirúrgica. Lo peor es que es un retrato de otras profundidades. El cincunloquio para prevenir la inmersión, porque de los ahogados no se ha escrito nada.

Posiciones que heredamos, si somos justos, de varias direcciones, como un hijo con muchos padres, como esos cadáveres exquisitos para los que, no obstante su discordancia, fabricamos aciertos como quien forja tuercas. Posiciones en las que, siendo todavía más justos, todos hemos caído alguna vez, practicado como el sexo sin saliva, como ese que nunca, ni siquiera una vez, nos provoca una lágrima.

(Tomado de La Esquina de Lilith)